sábado, 25 de abril de 2009

THE TIMES THEY ARE A CHANGIN'

El relevo al frente de la Junta de Andalucía se ha revelado, a la postre, como un proceso modélico. La normalidad con la que se han desarrollado los acontecimientos no debe inducir a pensar que el cambio ha sido meramente aparente o nominal. Ya lo dijo él propio José Antonio Griñán, Pepe Griñán, hace un lustro, al sustituir a Magdalena Álvarez en la cartera autonómica de Economía y Hacienda: "Continuidad, Señorías, no es continuismo".
Negar la legitimidad del procedimiento seguido, que es el previsto en la Constitución y en el Estatuto, no es sólo un ejemplo más de la inoperancia política de Javier Arenas y del PP andaluz. Con su esperpéntica crítica, el PP ha ninguneado lo más sagrado que hay en democracia: el respeto a las reglas del juego.
Creo honestamente que la ciudadanía no ha caído en esa chusca trampa, más bien hasta ha podido hacer chanza de ella. Baste para ello rememorar el instante en el que nuestro portavoz Manolo Gracia tiró oportunamente de hemeroteca e ilustró la incoherencia de Arenas con una fotografía en la que se le podía ver, en su etapa de Ministro, entre los Presidentes entrante y saliente de una Comunidad Autónoma, ni que decir tiene que ambos de su partido. Qué ridículo.
Pero lo grave es que, a partir de ahí, negada la mayor, ¿qué le queda al PP, qué le queda a Javier Arenas? Sus tiros por elevación cortocircuitan cualquier otra línea argumental. De hecho, sin la referencia de Chaves, se le notó especialmente desubicado durante el debate del pasado miércoles. Los frecuentes lapsus son sólo la punta del iceberg: la realidad es que Arenas no se ha enterado de que hay una nueva realidad en el mapa político andaluz.
Ha repetido hasta el hartazgo que Griñán será una marioneta en manos de Chaves. Pero fue más bien él quien pareció el otro día un juguete en poder de la elegante dialéctica de Griñán. Comparaba mi amigo y compañero Miguel Ángel Vázquez la situación con la que sufre casi todo equipo que se enfrenta esta temporada al exquisito Barça de Pep Guardiola. Completamente de acuerdo con el símil futbolístico: sólo espero que mi querido Michael no estuviera pensando en su propio Sevilla F.C.
Cualquier comparación de la designación de Pepe Griñán con el dedazo de Aznar sobre Rajoy no resiste el más mínimo envite. Griñán cuenta con el aval de los ocho Secretarios Generales provinciales, el de la Ejecutiva regional, el del Comité Director, máximo órgano entre congresos del PSOE-A, y el del Comité Federal. Unanimidad que no obedece a ningún toque de corneta. Es fruto de nuestra firme convicción sobre su idoneidad para suceder a una figura política de la talla de Manuel Chaves. Así de simple, así de profundo.
Mucho es pues el respaldo político, y social, con el que parte José Antonio Griñán en esta decisiva etapa de su vida pública. Cualquier duda sobre la supuesta transitoriedad del reto que asume ha quedado disipada con el margen de autonomía del que ha gozado para formar su primer gobierno, que no se agota ni mucho menos en el hecho sonado del nombramiento de Rosa Aguilar como flamante Consejera de Obras Públicas.
The times they are a changin', cantaba Bob Dylan hace muchos años. Los tiempos han cambiado, aunque haya quien no se dé por enterado.
Han cambiado y son especialmente difíciles. Suerte Pepe.

jueves, 23 de abril de 2009

AZNAR HA DESVELADO LO QUE MARIANO RAJOY NO SE ATREVE A DECIR

AZNAR HA DESVELADO LO QUE MARIANO RAJOY NO SE ATREVE A DECIR: que el PP apuesta por un despido más barato y menos protección
(21 de abril de 2009)

Tanto Aznar en FAES como Pizarro en Castilla-La Mancha, han desvelado, por fin, el verdadero programa político del PP para hacer frente a la crisis económica: un despido más barato y menos protección para los trabajadores.

Aquellos que han construido un modelo que nos ha traído ésta crisis, un modelo neoliberal, cuyos platos rotos pagan hoy los trabajadores, proponen más de lo mismo y que los trabajadores tengan menos derechos.

Esas medidas forman parte de un modelo que Rajoy no se atreve a verbalizar, pero que Aznar le recuerda cada día.

Hoy responden a una pregunta que llevamos haciéndole desde hace meses ¿dónde quieren que recortemos el gasto público? Rajoy no ha contestado y Aznar lo ha hecho por él: quieren que recortemos en la protección social de los trabajadores y en sus derechos laborales

miércoles, 15 de abril de 2009

REPÚBLICA

Hace unos días realicé una prueba cuyo resultado intuía de antemano. Pregunté a unos cuantos amigos y amigas, cuarentones y cuarentonas como yo, si se les sonaba de algo la fecha del 14 de abril. Ninguno supo contestarme. Sin embargo, todos y todas, la inmensa mayoría personas progresistas, desde luego ninguna conservadora, recordaban perfectamente el significado de la del 18 de julio. Repetí el experimento con mi compañero de carreras matutinas, vespertinas desde que el cambio de hora nos ha privado de la luz suficiente para trotar extramuros. Él, un chico bastante más joven, me contestó que el 14 de abril era el cumpleaños de su novia (por cierto, se equivocó en dos días, menos mal para él que con ella no mantuvo el error).
La ley de Memoria Histórica que las Cortes Generales aprobaron al final de la pasada legislatura, es una herramienta jurídica y sobre todo política, necesaria para que cicatricen unas heridas que ni la Transición ni los años sucesivos han sabido o podido cerrar. Las víctimas del franquismo, su memoria, merecen el resarcimiento de todo tipo, moral en primer término, del escarnio del que fueron objeto durante los durísimos años de la contienda y sobre todo durante las largas décadas de la dictadura. Porque nunca hay que olvidar que, como alguien dijo una vez, a la guerra no le siguió la paz, sino la victoria.
Ése ha sido el primer y primordial objetivo de la Ley 52/2007. Pero los esfuerzos no pueden agotarse ahí. Las generaciones actuales y singularmente las venideras tienen derecho a saber que la II República supuso el primer intento serio y riguroso de hacer de España un país moderno, que pudiera incorporar a su acervo político y cívico la cultura de los valores de libertad, igualdad y democracia. Sin embargo, la II República sigue siendo hoy el periodo peor conocido de nuestro siglo XX. Eso explica, aunque no justifica, la equidistancia que muchos ciudadanos suelen mantener frente a ella. Una situación que las más elementales razones de justicia material exigen trascender.
Por eso es necesario sacar aquel periodo de nuestra historia reciente del ostracismo al que ha estado sometido tanto tiempo. Pero hay que hacerlo sin estridencias ni exabruptos. El orden constitucional es el que es, y goza, ahí es nada, de la mayor legitimidad posible en democracia: la del refrendo del pueblo, libremente expresado. La tarea debe discurrir por la senda de la información objetiva, de la pedagogía, de la puesta en valor de un texto constitucional, como es el de 1931, en el que el actual de 1978 se inspira y no poco (compárense, por ejemplo, los Títulos III y I de una y otra Constitución; más de uno se llevará una sorpresa).
El propósito de esa labor, al menos según lo conciben estas líneas, no es reformista ni rupturista. Se trata simplemente de un ejercicio de responsabilidad. Una democracia de las más avanzadas del mundo como es la española no puede seguir pretiriendo sin más sus propias raíces.