El relevo al frente de la Junta de Andalucía se ha revelado, a la postre, como un proceso modélico. La normalidad con la que se han desarrollado los acontecimientos no debe inducir a pensar que el cambio ha sido meramente aparente o nominal. Ya lo dijo él propio José Antonio Griñán, Pepe Griñán, hace un lustro, al sustituir a Magdalena Álvarez en la cartera autonómica de Economía y Hacienda: "Continuidad, Señorías, no es continuismo".
Negar la legitimidad del procedimiento seguido, que es el previsto en la Constitución y en el Estatuto, no es sólo un ejemplo más de la inoperancia política de Javier Arenas y del PP andaluz. Con su esperpéntica crítica, el PP ha ninguneado lo más sagrado que hay en democracia: el respeto a las reglas del juego.
Creo honestamente que la ciudadanía no ha caído en esa chusca trampa, más bien hasta ha podido hacer chanza de ella. Baste para ello rememorar el instante en el que nuestro portavoz Manolo Gracia tiró oportunamente de hemeroteca e ilustró la incoherencia de Arenas con una fotografía en la que se le podía ver, en su etapa de Ministro, entre los Presidentes entrante y saliente de una Comunidad Autónoma, ni que decir tiene que ambos de su partido. Qué ridículo.
Pero lo grave es que, a partir de ahí, negada la mayor, ¿qué le queda al PP, qué le queda a Javier Arenas? Sus tiros por elevación cortocircuitan cualquier otra línea argumental. De hecho, sin la referencia de Chaves, se le notó especialmente desubicado durante el debate del pasado miércoles. Los frecuentes lapsus son sólo la punta del iceberg: la realidad es que Arenas no se ha enterado de que hay una nueva realidad en el mapa político andaluz.
Ha repetido hasta el hartazgo que Griñán será una marioneta en manos de Chaves. Pero fue más bien él quien pareció el otro día un juguete en poder de la elegante dialéctica de Griñán. Comparaba mi amigo y compañero Miguel Ángel Vázquez la situación con la que sufre casi todo equipo que se enfrenta esta temporada al exquisito Barça de Pep Guardiola. Completamente de acuerdo con el símil futbolístico: sólo espero que mi querido Michael no estuviera pensando en su propio Sevilla F.C.
Cualquier comparación de la designación de Pepe Griñán con el dedazo de Aznar sobre Rajoy no resiste el más mínimo envite. Griñán cuenta con el aval de los ocho Secretarios Generales provinciales, el de la Ejecutiva regional, el del Comité Director, máximo órgano entre congresos del PSOE-A, y el del Comité Federal. Unanimidad que no obedece a ningún toque de corneta. Es fruto de nuestra firme convicción sobre su idoneidad para suceder a una figura política de la talla de Manuel Chaves. Así de simple, así de profundo.
Mucho es pues el respaldo político, y social, con el que parte José Antonio Griñán en esta decisiva etapa de su vida pública. Cualquier duda sobre la supuesta transitoriedad del reto que asume ha quedado disipada con el margen de autonomía del que ha gozado para formar su primer gobierno, que no se agota ni mucho menos en el hecho sonado del nombramiento de Rosa Aguilar como flamante Consejera de Obras Públicas.
The times they are a changin', cantaba Bob Dylan hace muchos años. Los tiempos han cambiado, aunque haya quien no se dé por enterado.
Han cambiado y son especialmente difíciles. Suerte Pepe.
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