viernes, 26 de junio de 2009

GOD SAVE THE KING

Debió ser allá por el 78 ó el 79. Mi padre hizo un viaje a Alemania por motivos de trabajo, creo que era la segunda vez en su vida que salía al extranjero. Me trajo de allí el LP Destiny de los Jackson Five, que era el disco de moda en todo el mundo en aquellos momentos. Blame it on the boogie y Shake your body down to the ground, junto con el A Hard Day's Night de los Beatles, el primer LP que adquirí a costa de mi raquítica asignación semanal (yo tenía entonces 12 ó 13 años), sonaban constantemente en mi pequeño tocadiscos mono Dual-Bettor, una especie de maleta que se abría y cerraba, en la que el plato era la parte inferior y el altavoz la superior. Ponía de los nervios a mi sufrida madre con tanta música a todas horas en un idioma que ni ella, ni yo por entonces, entendíamos: no sabía lo que le esperaba cuando poco tiempo más tarde me compré el clásico Me vuelvo loco de los Tequila. Lo pinchaba unas veinte veces al día. "¡A mí sí que me vas a volver loca!", exclamaba ella cargada de razón.

Los Jacksons Five eran tan famosos en los 70 que, como los míticos Harlem Globetrotters, tenían hasta su propia serie televisiva de dibujos animados. Al final de esa década, cuando el punk agonizaba, Madrid empezaba a moverse al son de La Movida y el videoclip inauguraba una nueva cultura musical, Michael Jackson apuntalaba su carrera en solitario de la mano del mágico Off the Wall, producido por Quincy Jones. De Thriller, su consagración, el tema que menos me gusta es precisamente el homónimo. Billy Jean, que en aquellos años debí bailar miles de veces, la cañera Bit it o la elegantísima The girl is mine explican por qué ese disco es el más vendido de la historia. Y Bad me parece sencillamente sensacional, probablemente su disco más transgresor.
De manera similar a lo que ocurrió con la muerte de Antonio Vega hace unas semanas, la inesperada desaparición de Michael Jackson, prácticamente coetáneo del madrileño, hace a los de mi generación más mayores, por si no lo éramos ya. Durante estos días se oirán muchas cosas sobre sus excentricidades, sobre los detalles más sórdidos y escabrosos de su biografía. Pero yo prefiero recordarle tal como era cuando se coló en nuestros corazones a través de aquellos primeros televisores de color de finales de los 70: un chico negro de blanquísima sonrisa, que derrochaba simpatía y que cantaba como los mismísimos ángeles.

3 comentarios:

Unknown dijo...

Si tu padre es el Fernando Martinez, que yo creo. El viaje a Alemania fué en enero del 79. Y si aún sigue entre nosotros, cosa que me alegraría, ya que era una gran persona. Pregutale ¿ qué ropita llevabamos y que frío pasamos ? y dale un abrazo de mí parte
Cordialmente paco ratia

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

¿Para cuando el próximo artículo?
GUIOMAR